Claudia Sainte-Luce y la catarsis personal a través del cine

@alfonsoblanco | Cobertura del FICM2016

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Claudia Sainte-Luce, presentará en Pachuca su película La caja vacía e impartirá en el CENHIES la charla “Las mujeres en la industria del cine mexicano”. Estas actividades se desarollarán en el marco de la 2° Muestra de Cine Mexicano Contemporáneo de Pachuca 2017. 

La caja vacía (2016) de Claudia Sainte-Luce es el segundo largometraje de la directora mexicana que triunfó en todo el mundo con Los insólitos peces gato (2013). La presentación de su segunda obra en el Festival Internacional de Morelia 2016 representó el primer acercamiento del público mexicano a su película.

En La caja vacía, la directora de madre veracruzana y padre haitiano, explora el tema de la muerte y el vacío que dejan los seres humanos al desaparecer de la tierra. Con un estilo propio que se encuentra en plena exploración, Sainte-Luce toma una vital decisión, actuar y dirigir la historia de su vida.

Toussaint (Jimmy Jean-Louis) sufre una enfermedad que le impide trabajar. Ha recorrido diversos lugares del mundo como Nueva York, Venezuela y su país natal, Haití. Sin embargo, ahora se encuentra en la Ciudad de México, donde vive distanciado de su hija Jazmín (Claudia Sainte-Luce). Jazmín trabaja en el mundo del teatro y al mismo tiempo es mesera en una cafetería. A partir del accidente que sufre Toussaint, tendrá que recibirlo en su casa para cuidar de él.

El accidente que sufre su padre se suma a las fisuras de una historia que se fragmentó hace tiempo. La relación entre padre e hija se torna en un encuentro doloroso con el pasado, una historia que tiene más preguntas que respuestas.

La película tiene el sello característico de comedia bien pensada que su directora demostró en su ópera prima. El retrato de la clase media y los personajes femeninos son una característica de su cine, factores ampliamente denostados en una cinematografía con extremos como el chiste burdo o el registro de lo que ha sido llamado por los críticos como la pornografía de la violencia.

Afortunadamente, hay directoras y obras en medio de estos dos polos y Claudia Sainte-Luce es una de las voces de una nueva generación de directores mexicanos, pero sobre todo, un referente de las directoras mexicanas que se han arriesgado a hacer cine en un país en el que el género es un factor limitante y con grandes barreras para crearlo.

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La directora mexicana llegó a la rueda de prensa sola, se sentó y levantó su rostro: frente a ella había una cantidad considerable de reporteros y fotógrafos, quienes esperaban sus declaraciones. Con una gran sonrisa, un portentoso cabello que no permite duda alguna sobre sus raíces y una sinceridad acompañada de una voz, que por momentos se quería quebrar pero regresaba firme para hablar; la directora compartió sobre su proceso catártico más grande, al que le ha dedicado y dedicará toda su vida; hablamos del cine.

Alfonso Blanco: Veracruz es un lugar en donde se ha llevado a cabo, desde tiempos muy remotos, una hibridación entre diversas culturas: lo “afrojarocho”, la influencia del Caribe, la incursión de los españoles ¿tú cómo llevas a cabo esa hibridación en tu día a día? ¿Qué tienes de tu padre, qué tienes de México? Por otro lado, eres una ciudadana del mundo que ha viajado por festivales de distintas latitudes.

Claudia Sainte-Luce: Nací en Tlalixcoyan, Veracruz. Tengo un padre haitiano y una madre veracruzana: me es fácil hablar de frente, a la cara  y por otro lado, el baile. Como mexicana hay un esfuerzo constante. Sé que a pesar de lo difícil que es hacer cine, a pesar de lo difícil que es hacer cine como mujer, quiero seguir peleando.

Cuando llega la exhibición es difícil que la gente se acerque a tu cine. Creo que de a poco uno puede ir diciendo – bueno, a ti te gusta comer hamburguesas y papas fritas pero podemos mostrarte unos escamoles, unos “nopalitos”.

Quiero hacer cine aquí (México) durante toda mi vida. Sé que es difícil, tiene menos repercusión, pero es mi país. Lo más difícil es hacer las cosas desde donde está el conflicto y yo quiero hacer las cosas aquí. Me encanta ser mexicana.

AB: ¿Existe un tipo de presión personal o externa al momento de desarrollar y presentar La caja vacía (2016), después del éxito que tuvo Los insólitos peses gato (2013)?

CSL: No existió el reto cuando la estaba escribiendo ni tampoco al realizarla. El reto empieza justo ahora, cuando la estoy presentando, porque sé que inevitablemente uno va a comparar su trabajo con el primero y probablemente a la gente le guste más pero era algo que tenía que hacer, de otra forma me quedaría estancada.

AB: Abordas una indiferencia y cierto racismo disfrazado entre los países del Caribe. La gente ha creado una burbuja a través de las fronteras, ¿está película la rompe con la multiculturalidad de tus personajes?

CSL: Cada uno tiene su propia identidad. Son países que han sido golpeados de distinta manera. Haití está pegado a República Dominicana y son muy diferentes, no sólo por el idioma. Millones de haitianos quieren migrar hacia allá por falta de oportunidades en su país. En la medida que nosotros respetemos esa identidad, tendremos un mayor crecimiento como seres humanos.

AB: ¿Cuál es tu mediación entre ficción y biografía?, ¿guardas mucho de tu vida personal en tus historias?

CSL: La semilla viene de mí, de una cuestión personal y después a la hora de crear la ficción es donde empieza la imaginación. No es una completa realidad porque de esa forma sería mejor hacer un documental, la posibilidad que me brinda la ficción es partir de una idea y explotarla.

AB: Cuando terminó la película noté que estabas muy nerviosa, a punto de explotar.

CSL: Me estaba muriendo de miedo.

AB: Fue un momento catártico y creo que en la tarde será más grande con la proyección con el público.

CSL: Va a ser más catártico porque viene mi familia para verla. Aún no la han podido ver mis padres.

AB: Esa es una de las principales diferencias ente los festivales del extranjero y los de tu país, la idea de poder mostrar tu trabajo ante tu cultura.

CSL: En el extranjero una no deja de ser extranjera. Hay una separación entre la lectura de subtítulos y lo que se cuenta.

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Foto: Alfonso Blanco

AB: He notado en tus dos películas una obsesión por el detalle. En la primera eran los Ruffles de Martha (Lisa Owen), el gato dentro de la pecera. En ésta, los animales y su constante presencia a lo largo de la cinta o la obsesión de Jazmín con los nachos ¿Cuál es tu obsesión más grande dentro de tus películas?

CSL: Creo que los detalles hacen crecer a los personajes. No es sólo una forma de ser, de igual forma es una forma de vivir. A Toussaint le encanta el arroz, le fascina el arroz, porque es lo que se come en Haití, si hay suerte. Para mí hay un pequeño detalle, no sé si la gente se haya fijado: en una escena su padre duerme por primera vez en su casa y descubre que tiene una mamila y ropa de bebé guardada. No digo directamente en mi película -hija, estás obsesionada con tener una pareja. Quien nota estos aspectos los va a notar o no. La vida está llena de esas cosas. Las acciones dentro de mis películas hablan más que los diálogos

AB: ¿Cuáles son esos detalles de tu día a día, los de tu vida personal?

CSL: Mis gatos, bailar -apenas lo empecé a hacer hace dos años-, sentarme en el Centro y ver a la gente, pizza los sábados y domingos, los tlacoyos del mercado y mis amigos de la cuadra que son “el viene viene”, “el florista”, “el güero loco” que vende sándwiches pero les pone mota.

AB: En Los Insólitos peces gato creaste diversas válvulas de escape para los sentimientos, para romper con la complacencia de ciertas películas con el Drama. Es muy fácil, en ocasiones, hacer llorar o hacer reír, ¿cuáles son las válvulas que tú creaste en esta película?

CSL: Explotar los recursos. Por ejemplo, cuando el padre confunde a su hija con una exnovia ella evoca el dolor que siente porque su padre no la ve como una hija. Me gusta hurgar en el pasado. Me gusta más que las cosas se digan sin decirse. No está explicito el “¿y por qué nunca me has querido?” o “¿por qué te fuiste?”.

Me quedo con una frase de mi maestra Paula Markovitch: “si un personaje puede expresar perfectamente lo que dice entonces no lo siente”.

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